El 22 de abril de 1819 el Congreso de las Provincias Unidas que, en 1816 proclamó la Independencia en la ciudad de San Miguel de Tucumán, promulgó en Buenos Aires la primera Constitución Argentina, que se juró el 25 de mayo siguiente.

Por su carácter unitario, la Constitución despertó el enojo de las provincias, celosas de su autonomía, y aceleró el surgimiento de un grupo heterogéneo de caudillos, que se transformó en el sostén de las ideas republicanas y federales enfrentadas a los intereses porteños.

Hay que recordar que las tensiones entre las provincias y Buenos Aires ya se habían hecho presentes durante la convocatoria al Congreso de Tucumán, a donde no asistieron las provincias parte de la llamada Liga Federal, que respondían al liderazgo del caudillo José Gervasio Artigas.

De la región, que abarcaba en su momento el Virreinato del Río de Plata, sólo los integrantes de la Liga Federal( la Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe), no enviaron sus representantes al Congreso de Tucumán de 1816. ¿A qué se debió esto?

La explicación se encuentra en la situación de guerra de hecho que mantenía la Liga Federal con el gobierno central de Buenos Aires. Sólo la provincia de Córdoba -que también se consideraba miembro de la Liga, pero no estaba aún en guerra con el Directorio- envió sus representantes, todos ellos de clara inclinación hacia el federalismo.

En el caso de Paraguay éste ya era un territorio independiente de hecho, tanto de España como de las Provincias Unidas. En 1813, mediante un Congreso Nacional, había cambiado su nombre de Provincia del Paraguay al de República del Paraguay.

El conflicto que mantenían la Liga Federal, bajo el liderazgo del caudillo Gervasio Artigas, y Buenos Aires tuvo un capítulo previo al Congreso de Tucumán en la Asamblea del Año XIII. En esa ocasión, Artigas les dio una serie de instrucciones a sus diputados que consistían básicamente en lo siguiente: declaración de la Independencia, libertad civil y religiosa, organización política federativa, Estados autónomos y que Buenos Aires no fuese la sede del gobierno central.

Con respecto a la Constitución de 1819 son muy interesantes algunas de las reflexiones sobre el tema que se pueden leer en el libro Historia de Belgrano, de Bartolomé Mitre.

Para Mitre “la Constitución que el Directorio de Pueyrredón legó como herencia a sus sucesores, en vez de un pacto de unión, fue una nueva bandera de discordia que se levantó en el campo de los principios y en el terreno de los hechos”.

Dice al respecto: “Obra de sofistas bien intencionados, que soñaban con la monarquía, no pudiendo fundir en sus moldes convencionales los elementos sociales refractarios, creían eliminarlos no tomándolos en cuenta, y de aquí su ineficacia”.

Y agregaba: “Bosquejo de un centralismo rudimentario, sin órganos apropiados a su funcionamiento, en presencia de la masa informe de un federalismo rudimentario y anárquico, que era una negación del ideal y un desconocimiento del modelo, no satisfacía las exigencias teóricas ni prácticas, y de aquí que pugnase con los hechos, sin satisfacer las conciencias. Sin fuerza sólida que la sostuviese ni fuerza moral que la propiciara, concluye, era una fórmula vacía de sentido que no contenía los gérmenes de la vida presente ni futura”.

“Sin embargo, señala más adelante, ella fue jurada con entusiasmo patriótico el 25 de mayo de 1819, así en Buenos Aires como en las provincias, con excepción de las de Entre Ríos, Santa Fe, Banda Oriental y Corrientes, y los ejércitos de los Andes y del Perú le prestaron homenaje”.

Sobre la posición de Belgrano recuerda que “fue el primero que juró la nueva Constitución al frente de su ejército. Luego que hubo cumplido con este deber, decía, hablando con uno de sus jefes: ‘Esta Constitución y la forma de gobierno adoptada por ella, no es en mi opinión la que conviene al país; pero habiéndola sancionado el Soberano Congreso Constituyente, seré el primero en obedecerla y hacerla obedecer’. Y fijando su vista en el blasón argentino que tenía delante de sí, expresaba pintorescamente su idea con estas palabras: ‘No me gusta ese gorro y esa lanza en nuestro escudo de armas: quisiera ver un cetro entre esas manos que son el símbolo de la unión de nuestras provincias’”

“Estas eran, según Mitre, las ideas candorosas de un hombre que creía como Rousseau, pensaba como Montesquieu y obraba como Franklin, aspirando a la libertad y al orden y subordinándolo todo al deber, y eran también por otros móviles las de los mismos que habían formulado la Constitución del XIX”.

Fuente: http://comunicaciontucuman.gob.ar/2016/04/la-controvertida-constitucion-argentina-de-1819/

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